Pánuco, Veracruz.– Lo que fue anunciado con bombo y platillo como una obra prioritaria para rescatar una de las carreteras más deterioradas del país, hoy se ha convertido en una amenaza directa para la vida de miles de automovilistas. La carretera federal 127, en el tramo Pánuco–El Molino, lejos de mejorar, empeoró drásticamente y ahora es señalada por usuarios como una auténtica trampa mortal.
Al inicio de la actual administración estatal, la gobernadora de Veracruz acudió a esta región para dar el banderazo de arranque a los trabajos de rehabilitación, generando esperanza entre transportistas y habitantes cansados de años de abandono. Sin embargo, esa esperanza se diluyó rápidamente: a varios meses del anuncio, la obra está prácticamente abandonada, los trabajos llevan semanas detenidos y no existe explicación oficial sobre su reanudación.

El panorama es alarmante. La empresa constructora abrió zanjas de hasta dos metros de profundidad a los costados de la carpeta asfáltica a lo largo de aproximadamente 10 kilómetros, y simplemente se retiró del lugar. Estas excavaciones permanecen sin protección, sin señalización y sin iluminación, convirtiéndose en un peligro extremo, sobre todo durante la noche o en condiciones de neblina.

La falta total de barreras de contención y señalamientos preventivos incrementa exponencialmente el riesgo de accidentes graves o fatales. Conductores advierten que cualquier descuido, una maniobra para esquivar baches o una falla mecánica puede terminar con un vehículo dentro de estos profundos cortes, con consecuencias impredecibles.
Usuarios frecuentes de la carretera federal 127 han lanzado un enérgico llamado de auxilio a las autoridades estatales y federales, exigiendo una intervención inmediata. Demandan que la obra sea reactivada de forma urgente o, al menos, que se apliquen medidas mínimas de seguridad antes de que ocurra una tragedia anunciada.
“La carretera no solo sigue destrozada, ahora es más peligrosa que antes. Entre cráteres, hoyancos y zanjas abiertas, circular por aquí es jugarse la vida”, denuncian automovilistas inconformes, quienes además cuestionan la irresponsabilidad de la empresa constructora y la evidente falta de supervisión gubernamental.
Mientras no haya respuestas claras ni acciones concretas, la carretera 127 Pánuco–El Molino permanece como una promesa incumplida, un riesgo permanente y una vergüenza para las autoridades, una situación que, de no atenderse de inmediato, podría cobrar vidas.
