Muy arrepentidos, cambian las calles por el altar.
POZA RICA , Ver.– Entre rezos, cirios y discursos moralistas, la Delegación de Tránsito y Vialidad de Poza Rica acudió a la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, no solo para “encomendar su labor”, sino —según la percepción ciudadana— a pedir perdón por los muchos pecados cometidos contra la ciudadanía.
Encabezados por el delegado Pedro Quiroz, agentes operativos y administrativos dejaron por un rato el caos vial para buscar absolución divina: perdón por las mordidas, por los abusos de autoridad, por las multas selectivas, por la prepotencia y por un desorden vial que tiene harta a la población de Poza Rica .

Durante la misa, se habló de vocación, servicio y respeto al ciudadano, palabras que para muchos automovilistas suenan a confesión tardía cuando a diario padecen tráfico infernal, accidentes, falta de señalización y agentes más atentos a cazar infractores que a prevenir riesgos.
También se elevó una oración por un elemento fallecido en cumplimiento del deber, gesto que merece respeto; sin embargo, el contraste fue inevitable: honrar a los caídos mientras se olvida al ciudadano vivo, el mismo que enfrenta extorsiones y arbitrariedades en cada esquina.
La ceremonia pareció más un acto de penitencia colectiva que un evento conmemorativo: pedir perdón al cielo por lo que no se ha querido corregir en la tierra.
Porque ningún rezo compensa un semáforo descompuesto, ningún amén borra una mordida y ninguna homilía sustituye el trabajo honesto.
Mientras Tránsito busca perdón en la iglesia, Poza Rica sigue pagando los pecados en las calles.
La ciudadanía no exige milagros… exige respeto, orden y resultados.
